Es verdad que el hubiera no existe, pero cuántas veces no nos ha pasado algo que quisiéramos regresar el tiempo y haber cambiado una decisión que no resultó como esperábamos.
La importancia que tiene el pensar antes de actuar, pero sobre todo ser consciente de las consecuencias de nuestras decisiones marcan la diferencia ante cualquier situación que se nos pueda presentar. Cuando hables o pienses acerca de un asunto, quédate con él, ve todos sus aspectos, hasta llegar a una conclusión. No saltes a otro asunto poco relacionado, antes de terminar con el primero. No se debe elegir aquella alternativa que a primera vista parece la mejor. Muchas veces en ella aparecen consecuencias no deseadas y generalmente hay otras opciones, aunque no tan efectivas en forma inmediata, pero mejores a larga vista. Por supuesto, que si no tenemos tiempo, entonces nuestra selección debe ser instantánea; pero, en la mayoría de las veces, tenemos el tiempo suficiente y lo deberíamos aprovechar.
Una alternativa puede tener ventajas importantes a corto plazo, y no resultar tan buena a largo plazo. Dejando de lado el dinero o el tiempo involucrados, hay también algunas decisiones que pueden resultar menos importantes que otras. Algunas son reversibles, pero si hacemos una acción incorrecta, podemos deshacerla con poco esfuerzo o a veces no.
La experiencia es lo único que queda después de todo, y debemos estar preparados para afrontar lo que venga, aprender de las malas decisiones y esperar no volverlo a hacer. Una buena forma de no olvidar lo importante es repasar nuestras experiencias importantes una vez por semana y así mantenerlas frescas en nuestra memoria.















